¡Vamos de Matanza al camping La Mata!

 

 

Para un extremeño decir que va de matanza, es volver a su niñez, acontecimiento anual que 

después de Navidades se celebraba en cada casa, siendo esta una tradición familiar, en una 

sociedad rural en que la vida se regia por lo natural.

  Esta tradición, “practicada “ por nuestros antepasados hasta nuestros días, se basa en la 

crianza y  posterior sacrificio del cerdo ibérico, que ha vivido en el campo , alimentándose  de 

bellota, principalmente, adquiriendo así su carne esa especial  característica, que le hace manjar, 

a ese feo animal, del que se dice  que son “buenos hasta sus andares”.

 

Visitando  nuestra querida Extremadura,  en el otoño pasado, coincidimos con una familia que ha 

abierto un nuevo camping en La Vera, entorno entrañable, lugar de encuentros en nuestra juventud 

y quizás de uestras primeras salidas campistas, de botas y tienda canadiense.

 

Allí en Madrigal de la Vera, a las orillas de la Garganta de Alardos, poderosa corriente de agua que 

baja  de Gredos, han construido un precioso camping, basado en las construcciones  veratas, en piedra 

y madera,  que en absoluto rompe el entorno, dando un tono de relax y descanso a estos viajeros  que 

aunque ya no llevamos exclusivamente  tienda y botas, lo hacemos en confortables caravanas y 

autocaravanas, pero con   aquel espíritu descubridor de  paisajes y lugares un poco apartados del 

mundanal ruido. 

            

Pues bien, hecha esta presentación, el último fin de semana del pasado febrero, nos reunimos en el camping un  

grupo de amigos dispuestos a observar todo el proceso de la matanza, desde el sacrificio del cerdo que no se

hizo cara al publico, por ser un poco desagradable para niños y algunas personas sensibles, hasta su posterior  

confección de todo lo relacionado con el mismo, chorizos, morcillas etc.

Ya el viernes en la tarde habían llegado un buen número de campistas, desde los cuatro puntos cardinales, así  

 como algunos extremeños, entre los que nos incluimos.

 

 

                

 

Otros amigos tuvieron que darse la vuelta y regresar a casa por culpa del temporal, pues hubo bastante nieve, 

que dificulto los accesos a la zona.

La tarde la pasamos entre presentaciones y cena con karaoke incluido en el restaurante, algunos aprovecharon  

 para demostrar sus dotes artísticas y estuvieron cantando hasta tardías horas de la madrugada.

El sábado al amanecer,  una típica rondalla nos despertó con sus guitarras y entonando  canciones de la tierra, 

pasamos a degustar el aguardiente y los dulces mientras acababan de cocinar unas estupendas migas.

 

 

                    

                      Ya llega el cerdo,

 

                   

 el cual se coloca en la mesa de madera donde  con unas escobas secas, se le chamusca el pelaje para, 

quedarlo limpio,  

                    

El matancero o matarife procede a abrirlo y a entregar al veterinario las pruebas para certificar “ in situ” 

si la carne está apta para el consumo.

Esta, se convierte en una clase práctica de veterinaria, pudiendo observar toda persona que lo deseara, por 

el microscopio, colocado en una mesa donde la profesional explicaba con micro incluido todo el proceso,

 

                    

 

 

Se despiezó el cerdo, y tras las migas se procedió a preparar la carne, colgándola para 

airearla, y preparando en las artesas una vez pasadas por la picadora  la carne para los 

embutidos. Se cortaron las chuletas, lomos etc., que seguidamente se “probaron”, bien 

regadas con la pitarra local. Así fuimos pasando la mañana, con un buen fuego presidiendo, 

el proceso, que bien nos ayudó pues hacía bastante frío, ya que la nieve estaba muy cerca y 

el viento del norte arreciaba.

 

         

 

A mediodía, se sirvió una sopa de cachuelas, y se asó la carne, filetes, chuletas, pruebas de  chorizo, 

morcilla etc. El público, se integró plenamente, participando activamente en el proceso, haciendo la 

masa para los chorizos y morcillas, embutiéndolas en las tripas, y su colgado en las varas,

 

        

 

Ya al atardecer y después de hacer una visita a una señora que hace quesos en su casa en la 

sierra, a la que subieron varias personas, para ver como los fabricaba y traerlos al camping,

 

               

 

 Un grupo de chicos pertenecientes a una coral, nos deleitaron con bailes típicos de La Vera, pasando 

un buen rato viendo como interpretaban, su repertorio.

 

                  

 

Mas tarde ya en el restaurante, pues hacía bastante frío, nos fuimos reuniendo, charlando de nuestros 

temas campistas, y después de cenar y  animados por el ambiente de fiesta, nos marcamos unos bailes, y 

algunos se atrevieron a interpretar esas canciones de nuestra juventud, en el karaoke.

 

                 

 

La mañana siguiente, la dedicamos a despedidas, y programación de futuros encuentros, quedando muy 

contentos,  por la labor de estos amigos,  que  totalmente entregados a su trabajo, nos hicieron pasar 

un día muy agradable.

 

                        

 

Aunque faltan algunas chicas, es la foto representativa del evento.

 

 

 

Muchas gracias de nuevo,  amigos Manuel y Miguel, seguid en esta línea y en vez de clientes tendréis 

amigos que no dudaran en acudir a vuestra casa a cualquier celebración que organicéis, ¡ Un abrazo!

 

Jenny & Matt, Marzo 04

 

 

VOLVER

 

Contador de visitas a la página